Saturday, October 31, 2009

-Coño! Ese de ahí me suena!!
-A ver... no sé... sí... la verdad es que me resulta familar...
-Un actor o algo, no?
-Sí, de la tele... no sé, de alguna serie de por la noche...
-Es verdad, no sé... de la comedia esa de los subnormales que comparten piso?
-Mmmm... déjame pensar... no, creo que sale en algún reality...
-Presentador?
-No sé... espera. Eh, tio, ven! Te suena ese tío? El que está al lado de la farola. A la derecha del coche rojo.
-A ver... Si hombre, es el monologuista ese, como se llama, joder?
-Ah, coño!! Hijo de puta, nunca me ha hecho ni puta gracia...- Levanta el fusil con cuidado. Tira del cerrojo y aprieta el gatillo. Los sesos del zombi se desparraman por la acera.
-Ya decía yo que me sonaba.

Saturday, July 11, 2009

El 3 de agosto de 1957 me enteré de que el mundo se iba a acabar dentro de 14 días. Siendo más exactos, el 17 a las siete y treinta y dos de la mañana. Tenía algo que ver con una estrella y una tormenta de rayos cósmicos ocurrida en el 54. La estrella estaba a tres años luz de la Tierra. El resto es matemáticas.
El caso es que mi estancia en la penitenciaría de Graham, Texas, acababa el día 13, por lo cual tenía poco tiempo para algo que siempre había tenido ganas de hacer y nunca había conseguido: enamorarme de verdad.

Wednesday, July 8, 2009

-Perdona si no te puedo ofrecer nada más cómodo, pero es que me pillas desprevenido. Cuanto ha pasado? Tres años? Cuatro? Sí, cuatro. Bueno, ha llovido en esto cuatro años, eh? Verdad?
Los ojos escarlata de la Pica Negra siguieron al hijo de puta que la había capturado mientras caminaba en torno a ella quitándose la mierda de las uñas con la punta de un cuchillo. Radia le observó. El brazo izquierdo era una exquisita obra de orfebrería engastada con divinio de gran pureza, igual que la esfera bruñida que rellenaba la cuenca del ojo del mismo lado. El pirata tenía aún un aspecto más peligroso que antes de su "reforma".
-Para ti también ha sido toda una sorpresa, eh? Cómo te ibas a imaginar que el tipo ese al que cortaste un brazo y un pie, dejaste tuerto, robaste su barco, su tripulación y su nombre y dejaste en un rompeolas para que se lo comiesen las gaviotas, iba a sobrevivir a tus atenciones, verdad, zorra?
El Capitán Krausse descargó su puño metálico sobre el rostro de Radia. La Pica Negra se retorció y gritó de dolor, pero no del golpe, sino porque había aprovechado para dislocarse una muñeca y aflojar la soga que la ataba a la columna de madera. El divinio de su corazón se encargaría de arreglarla pronto.
-Ah... cómo me pone cuando gritáis... -Krausse soltó una risa mitad jadeo mitad tos asmática-. Pedros, Kravic!! Limpiad y vestid a la puta, que hoy va a cenar el capitán!
Krausse enseño sus dientes de oro a Radia y salió de la bodega.
Petrus, un tarugo de más de dos metros, se acercó a Radia con un balde y una esponja asquerosa- el otro matón se sentó en un barril. A sus pies estaban las cosas de Radia.
Pedros remojó la esponja en el agua sucia y la acercó a la cara de la pirata.
Radia se zafó de la cuerda.
Un delicado paso de baile.
Se situó a su espalda y le partió el cuello con una sola mano.
Kravic saltó del barril, pero un segundo tarde.
Sin deshacer la fluidez de su movimiento inicial, Radia se giró sobre sus talones, recogió la vizcaína del suelo, alzó una pierna sobre la cabeza de Kravic, la enroscó en su cuello para inmovilizarle y le deslizó la hoja entre dos vértebras. Sostuvo el cuerpo para que no hiciese ruido al caer y se quedó inmóvil como un gato.
Calculó que tendría unos minutos hasta que alguien viniese a buscarla para llevársela a Krausse. Los aprovechó para volver a ponerse las protecciones de piernas y brazos y ajustarse el antifaz. Se caló la boina, mordió la vizcaína y apretó la empuñadura del estoque. el divinio había terminado su trabajo y la muñeca estaba de nuevo en su sitio. Se ocultó en una sombra y esperó.
Al poco, un negro abrió la puerta de la bodega. Llevaba unos grillos. Fuera su fe la que fuera, no le dio tiempo a rezar mucho antes de ser degollado.
Radia salió al pasillo. Por la arquitectura, debía estar en un galeón enorme. Evidentemente, Krausse se había hecho con una nueva nave, puesto que la antigua la pertenecía ahora a ella. Bajo sus pies notaba el ronroneo de los motores del galeón. Sería sencillo sabotear los depósitos de divinio y mandar a Krausse al infierno de una vez por todas, pero no podía permitirselo. Por desgracia.
Sin hacer el más mínimo ruido a pesar de las placas de metal que la protegían brazos y piernas, salvó el corredor en unas pocas zancadas y se llegó a los pisos inferiores del castillete de popa. Sólo encontró dos guardias de camino. No fue demasiado creativa con sus muertes..
Había unas escaleras cubiertas por una alfombra llena de agujeros y manchas de sangre. Conducía al piso superior, a los camarotes de Krausse. Miró hacia arriba, mordiendose el labio. Dejó atrás la escalera y torció hacia la derecha. Al fondo había una vidriera traslúcida. Flexionó las piernas y se lanzó hacia ella.
Fue solo un murmullo en el aire, pero pudo anticiparse lo justo para esquivar la hoja del hacha mandoble que se hundió an la madera a escasos centímetros de su pecho. Se curvó hacia atrás y se deslizó sobre las rodillas, desenvainando las armas al mismo tiempo. Miró hacia atrás. Un mulato el doble de grande que ella preparaba un nuevo golpe. Aunque consiguió detenerlo con el brazal, mandó a Ridia dos metros hacia atrás, acercándola, por suerte, un poco más a la vidriera. El pirata era tan enorme que sus hombros casi tocaban las paredes del pasillo. Sólo podía atacar desde arriba, sería imposible que blandises el hacla en horizontal. Era todo lo que Ridia necesitaba.
El gigantón cargó de nuevo, rugiendo como un poseso. Ridia esperó. Se coló por entre sus piernas y le atravesó el cerebro desde la nuca. Corrió sobre la espalda mientras el cuerpo caía hacia delante y cogió velocidad por el pasillo. Tomo aire, cruzó los brazos para protegerse la cabeza y atravesó el ventanal.
Cientos de metros mas abajo se extendía Casteleisse.
Luchó contra su miendo a las alturas. Se concentró en su corazón, qu eparecía querer reventarle los tímpanos, y se calmó. Apenas. Abrió los ojos contra la resistencia del viento. El barco se alejaba de ella a gran velocidad. Abajo, un acerico de torres y tejados dorados.
Se le aceleró la respiración de nuevo.
Dónde está, dónde está?, pensó, dejandose llevar por el pánico.
Entonces escuchó el sonido de un rotor y un falconier dorado ascendió a toda velicidad, superándola en su caída. Ridia soltó aire al reconocer al piloto.
El monoplaza picó hacia ella con el motor a máxima potencia y cuando estuvo a su altura, Carth extendió el brazo y agarró a Radia por la cintura, sentándola detrás de él.
El pirata grió la cabeza. Radia aprovechó para darle un beso que solo alcanzó la mejilla.
-La tienes?
Radia sonrió. sacó la lengua y mostró un llavín.
-Bien...
-Porqué demonios has tardado tanto??!!
Carth frunció el ceño.
-Me he entretenido con unos amigos.
Radia miró hacia atrás. Cuatro falconiers de la guardia ducal seguían la estela de los piratas.
-Genial, pues va a ser toda una fiesta!!! Mira!!!
Señaló hacia el galeón de Krausse, suspendido sobre la ciudad.
Otros cinco falconiers salían de sus tripas.

Monday, July 6, 2009

La respiración de Goon sonó áspera cuando apoyó los codos en la cruz del montante.
Se restregó la sangre que le cubría un ojo.
No era suya.
Nadie dijo que la venganza fuera un asunto limpio.
Goon tenía ese tipo de historia que un bardo no deja pasar: grande como un buey, creció en un pueblo de la costa y heredó de su padre dos cosas, la herrería y una obstinada manía por ser reservado y silencioso. Aún así, era querido por todos, y de vez en cuando tenía arranques de cordialidad, aunque jamás se atrevió a tirarle los trastos a Maud. Las mujeres se encargaban de hacerle la comida y apañarle la casa mientras él se endurecía los músculos fabricando piquetas, arpones, azadas y martillos. No solía dar las gracias, pero siempre tenía una sonrisa callada par ellas.
Goon era un buen hombre, y vivía con gente buena.
Por eso no tuvo más opción que forjarse una espada y salir a matar cuando los Hombres Negros de Tros bajaron de las montañas para acabar con los hombres y llevarse a los niños y a las mujeres. Tal vez fuese su destino, o su maldición, el salvarse. Poco le importaba.
Ahora Goon pisaba los cadáveres de esos demonios y experimentaba sentimientos encontrados cuando oía slos huesos de los cráneos quebrarse bajo su peso. Arrancó no sin esfuerzo el espadón del pecho de un Hombre Negro que aún se respiraba y limpió la hoja con un trozo de tela.
Se estaba poniendo el sol, pero aún le quedaba mucho por hacer.
Se echó el mandoble al hombro y tiró hacia los riscos.

Thursday, June 18, 2009

Hacía bueno. Quizá un poco de calor.
Pedaleaba sin prisa por un camino de tierra rojiza bordeado por campos de cebada aún verdes. Había amapolas asomando por entre los tallos más cercanos a la linde. Un abejorro enorme abandonó la cebada y voló por delante de mi unas cuantas pedaladas.
Llegué a un repecho en el camino y apoyé el pié izquierdo en el suelo polvoriento. Sobre la suave colina soplaba un poco el viento. Me trajo el sonido de un arroyo. Olía a hierba y a tierra. Era agradable. Me froté un ojo que me escocía por culpa de una gota de sudor y pegué un trago de agua. Miré hacia atrás, hacia el camino que había recorrido. Se perdía tras una loma verde en una curva suave y descendente. Podía ver las rodadas de mi bici serpenteando entre algunas piedras grandes. A un centenar de metros a mi izquierda, donde el cielo se cubría de nubes blancas, un grupo de cuatro o cinco caballos mordisqueaba los brotes frescos de unas encinas jóvenes. Una perdiz atravesó el pastizal. Los polluelos irían detrás suyo, pero no pude distinguirlos a tanta distancia. Respiré hondo. El aire era limpio, nada de contaminación, nada de olores artificiales. Volví a beber agua y me puse en marcha, sin pedalear, dejándome llevar por la pendiente.
Medio kilómetro más adelante había una chopera de unos diez o quince árboles, todos ellos en plena floración. La pelusilla blanca que desprendían creaba una nevada de polen en torno a us troncos plateados. Entre ellos corría el arroyo que había oído antes. Las hojas de los árboles revoloteaban como intentando desprenderese de sus tallos. Una senda estrecha y cubierta de largas espigas salvajes llevaba hasta el macizo de árboles. Me bajé de la bici, la dejé en el suelo y caminé hacia los árboles.
En la orilla del riachuelo había una niña de pelo largo vestida de rosa. Cuando me oyó se giró para mirarme. Tenía rasgos orientales.
-Hola, padre- dijo en tono soñoliento.
Sonreí. La temperatura era un par de grados más baja entre los árboles. Me acerqué al agua. No había mucha, pero saltaba con ganas por entre las piedras rojas.
-Es precioso...- dije casi para mi.
-Gracias, padre.
La niña oriental me miró muy seria.
-Pero no será así hasta dentro de tres punto dos millones de años. Desea que acelere el proceso?
Miré al dispositivo terraformador y le acaricié la cabeza. La ojos sintéticos de la niña me devolvieron una mirada que imitaba el cariño.
-No, pequeña- sonreí a la máquina con ternura-. Ya cometimos ese error cuando creamos la Tierra.


Monday, May 4, 2009

Se escupió en la puntera del zapato y se la restregó por detrás de la pernera del pantalón; una postura bastante ridícula para un tio con tanta pinta de hijo de puta.
Estaba nervioso.
Era normal, nunca antes había decido matar a su jefe.
Pensó en lo arquetípico de la situación: el matón a sueldo que descubre que su jefe es aún más hijo de puta que él, mucho más de lo que está dispuesto a soportar, el matón que no va a permitir que ese cabrón se folle a nosequé niña y que torture a nosequé inocente, que sabe que tendrá que huír y que lo más probable es que le cacen y le maten como a un perro, etcétera, etcétera...
Comprobó una vez más el arma que sabía de sobra que funcionaba perfectamente y ajustó el tubito de metal del silenciador a la boca del cañón. Suspiró, soltando el aire de un solo golpe seco, y entró en el despacho con la pistola por delante.

Wednesday, April 22, 2009

La Oficial Navegante Kaspersky se inclinó sobre las pantallas del puente de mando; no podía creer lo que estaba viendo a través de los enormes ventanales de proa de la Manzana Dorada del Sol.
-Norton... Norton... Mira eso...
El Oficial de Balística Norton se acercó a su compañera deslizando la silla sobre la pulida cubierta. Se reclinó sobre el respaldo del sillón de Kaspersky y miró hacia la negrura del espacio. En el centro exacto de su campo de visión, entre varios centenares de estrellas parpadeantes, flotaba un cubo oscuro del tamaño de una luna. La superficie de aleaciones, polímeros y metales estaba surcada de canales y salientes que conformaban diferentes kanjis que pulsaban con una helada luz azul.
-No puede ser... Crees que es...?
-La Árbol de las Brujas?- Kaspersky miró a Norton con los ojos muy abiertos-. Sí... creo que que sí... Pero es imposible... Está desparecida desde hace milenios...
Norton se giró hacia la parte posterior del puente de mando, en penumbra durante la noche artificial de la nave, donde el Oficial de Comunicaciones Leteo hacía honor a su nombre durmiendo con las piernas apoyadas sobre la consola de su puesto.
-Leteo!!! Despierta!! Mueve el culo!!! Necesitamos a Madre Tierra!!!
El Oficial de Interfaz se despertó de golpe y miró extrañado a Norton. Empezó a quejarse, pero al instante vio el cubo negro en mitad del espacio y, conectando el cable sináptico en su nuca, inició la secuencia de contacto con Madre Tierra, que reposaba en lo más profundo del cerebro cuántico de la Manzana Dorada. La IA se desperezó con un crujido estático y saludó con su voz de mujer madura.
-Madre, lecturas ya!- espetó Kaspersky sin miramientos.
Se escucharon nuevo crujidos mientras Leteo ajustaba los altavoces y los traductores binarios. La IA mantuvo un largo silencio, extraño en ella, como si dudase.
-La nave estelar que se encuentra frente a mi es la Árbol de Las Brujas...
-Eso pensábamos, Madre...- dijo Norton-. Pero no tiene sentido... no debería estar ahí... no debería estar en ninguna parte!
-Cierto... Pero las concentraciones de materia en el punto donde la captan mis ojos indican que realmente está ahí- la IA volvió a crepitar en su silencio reflexivo-. Es extraño. No detecto a Madre Viento... Pero capto fluctuaciones del continuo en varios decenas de kilómetros en torno a su estructura.
-Fluctuaciones del continuo? Ha atravesado recientemente un pliegue...
-Imposible... esa tecnología se perdió hace siglos...- Kaspersky se había levantado de su silla y se retiraba el flequillo de delante de los ojos. Miró a sus compañeros-. Tenemos que avisar al resto de Oficiales... Leteo, pont...
Kaspersky se quedó callada cuando los altavoces crepitaron de nuevo y habló una voz que no era la de Madre Tierra. No entendieron las primeras palabras, pues era japonés antiguo, pero Leteo ajustó rápido los traductores.
-...violación del espacio soberano de la Árbol de las Brujas. Sugerimos una retirada inmediata e incondicional. En caso contrario, se hará uso de toda la potencia de fuego disponible. Han cometido una violación del espacio soberano de la Árbol de las Brujas. Sugerimos una retirada inmediata e incondicional. En caso contrario, se hará uso de toda la potencia de fuego disponible. Han cometido una violación del espacio soberano de la Árbol de las Brujas. Sugerimos una retirada inmediata e incondicional. En caso contrario, se hará uso de toda la...
-Es una grabación...-dijo Leteo anunciando lo evidente, mientras la voz repetía incesantemente la amenaza. Se pasó una mano por la cabeza rapada. El Oficial de Comunicaciones estaba empezando a ponerse nervioso.
Norton se acercó a su consola y lanzó el acceso rápido de un par de programas que le permitirían iniciar una secuencia defensiva de emergencia.
-No sé que hacer... Estoy bloqueada...
-Estás al mando, Kas...- Norton la miró.
Kaspersky se apartó de nuevo el pelo de la cara. Tomo aire. Pulsó un botón en su pantalla.
-Madre, despierta a los motores, pero no te muevas... creo que deberíamos investigar... tal vez lleve deshabitada siglos y sea una secuencia automática de advertencia... Madre, quiero ir a la Árbol de las Brujas, prepara un par de...
-Mira!
Kaspersky miró por el ventanal. La Árbol de las Brujas cambiaba de aspecto. Miles de agujas y cajas oscuras se erizaban en su superficie.
-Qué demo...?
Las agujas vomitaron una lluvia de misiles.
Kaspersky se avalanzó sobre los paneles de su consola. Norton levantó los escudo deflectores. Leteo tecleaba frenético comunicándose con Madre.
-Acción evasiva!!!- Gritó Kaspersky aporreando el activador de la alarma. El puente de mando se volvió rojo. La nave se escoró con violencia, crujiendo y lamentándose como una ballena enorme y moribunda, pero no pudo esquivar el grueso de los misiles. Cientos de ellos superaron la resistencia de los escudos y rajaron el casco. Madre Tierra gritó a través de todos los altavoces. Los misiles atravesaron los polímeros y se desparramaron como fuego por la colonia Miles de terráneos ni siquiera supieron que les había matado.
-NOOOOOOO! -Kaspersky se dejó caer sobre los paneles, interpretando frenética las lecturas de la masacre-. Nooo!!!! Hijos de puta, no!!!
La sala se llenó de Oficiales: suplentes, novatos, retirados, todos.
-Qué ocurre?
Era un veterano, uno de los instructores de Balística, viejo y correoso como una raíz. Estaba desnudo de cintura para arriba, pero agarraba con fuerza su pistola.
Kaspersky le miró con los ojos enrojecidos por las lágrimas. Apretó los puños a ambos lados de las caderas. Se mordió el labio inferior.
-Señor... Estamos en guerra...