-Perdona si no te puedo ofrecer nada más cómodo, pero es que me pillas desprevenido. Cuanto ha pasado? Tres años? Cuatro? Sí, cuatro. Bueno, ha llovido en esto cuatro años, eh? Verdad?
Los ojos escarlata de la Pica Negra siguieron al hijo de puta que la había capturado mientras caminaba en torno a ella quitándose la mierda de las uñas con la punta de un cuchillo. Radia le observó. El brazo izquierdo era una exquisita obra de orfebrería engastada con divinio de gran pureza, igual que la esfera bruñida que rellenaba la cuenca del ojo del mismo lado. El pirata tenía aún un aspecto más peligroso que antes de su "reforma".
-Para ti también ha sido toda una sorpresa, eh? Cómo te ibas a imaginar que el tipo ese al que cortaste un brazo y un pie, dejaste tuerto, robaste su barco, su tripulación y su nombre y dejaste en un rompeolas para que se lo comiesen las gaviotas, iba a sobrevivir a tus atenciones, verdad, zorra?
El Capitán Krausse descargó su puño metálico sobre el rostro de Radia. La Pica Negra se retorció y gritó de dolor, pero no del golpe, sino porque había aprovechado para dislocarse una muñeca y aflojar la soga que la ataba a la columna de madera. El divinio de su corazón se encargaría de arreglarla pronto.
-Ah... cómo me pone cuando gritáis... -Krausse soltó una risa mitad jadeo mitad tos asmática-. Pedros, Kravic!! Limpiad y vestid a la puta, que hoy va a cenar el capitán!
Krausse enseño sus dientes de oro a Radia y salió de la bodega.
Petrus, un tarugo de más de dos metros, se acercó a Radia con un balde y una esponja asquerosa- el otro matón se sentó en un barril. A sus pies estaban las cosas de Radia.
Pedros remojó la esponja en el agua sucia y la acercó a la cara de la pirata.
Radia se zafó de la cuerda.
Un delicado paso de baile.
Se situó a su espalda y le partió el cuello con una sola mano.
Kravic saltó del barril, pero un segundo tarde.
Sin deshacer la fluidez de su movimiento inicial, Radia se giró sobre sus talones, recogió la vizcaína del suelo, alzó una pierna sobre la cabeza de Kravic, la enroscó en su cuello para inmovilizarle y le deslizó la hoja entre dos vértebras. Sostuvo el cuerpo para que no hiciese ruido al caer y se quedó inmóvil como un gato.
Calculó que tendría unos minutos hasta que alguien viniese a buscarla para llevársela a Krausse. Los aprovechó para volver a ponerse las protecciones de piernas y brazos y ajustarse el antifaz. Se caló la boina, mordió la vizcaína y apretó la empuñadura del estoque. el divinio había terminado su trabajo y la muñeca estaba de nuevo en su sitio. Se ocultó en una sombra y esperó.
Al poco, un negro abrió la puerta de la bodega. Llevaba unos grillos. Fuera su fe la que fuera, no le dio tiempo a rezar mucho antes de ser degollado.
Radia salió al pasillo. Por la arquitectura, debía estar en un galeón enorme. Evidentemente, Krausse se había hecho con una nueva nave, puesto que la antigua la pertenecía ahora a ella. Bajo sus pies notaba el ronroneo de los motores del galeón. Sería sencillo sabotear los depósitos de divinio y mandar a Krausse al infierno de una vez por todas, pero no podía permitirselo. Por desgracia.
Sin hacer el más mínimo ruido a pesar de las placas de metal que la protegían brazos y piernas, salvó el corredor en unas pocas zancadas y se llegó a los pisos inferiores del castillete de popa. Sólo encontró dos guardias de camino. No fue demasiado creativa con sus muertes..
Había unas escaleras cubiertas por una alfombra llena de agujeros y manchas de sangre. Conducía al piso superior, a los camarotes de Krausse. Miró hacia arriba, mordiendose el labio. Dejó atrás la escalera y torció hacia la derecha. Al fondo había una vidriera traslúcida. Flexionó las piernas y se lanzó hacia ella.
Fue solo un murmullo en el aire, pero pudo anticiparse lo justo para esquivar la hoja del hacha mandoble que se hundió an la madera a escasos centímetros de su pecho. Se curvó hacia atrás y se deslizó sobre las rodillas, desenvainando las armas al mismo tiempo. Miró hacia atrás. Un mulato el doble de grande que ella preparaba un nuevo golpe. Aunque consiguió detenerlo con el brazal, mandó a Ridia dos metros hacia atrás, acercándola, por suerte, un poco más a la vidriera. El pirata era tan enorme que sus hombros casi tocaban las paredes del pasillo. Sólo podía atacar desde arriba, sería imposible que blandises el hacla en horizontal. Era todo lo que Ridia necesitaba.
El gigantón cargó de nuevo, rugiendo como un poseso. Ridia esperó. Se coló por entre sus piernas y le atravesó el cerebro desde la nuca. Corrió sobre la espalda mientras el cuerpo caía hacia delante y cogió velocidad por el pasillo. Tomo aire, cruzó los brazos para protegerse la cabeza y atravesó el ventanal.
Cientos de metros mas abajo se extendía Casteleisse.
Luchó contra su miendo a las alturas. Se concentró en su corazón, qu eparecía querer reventarle los tímpanos, y se calmó. Apenas. Abrió los ojos contra la resistencia del viento. El barco se alejaba de ella a gran velocidad. Abajo, un acerico de torres y tejados dorados.
Se le aceleró la respiración de nuevo.
Dónde está, dónde está?, pensó, dejandose llevar por el pánico.
Entonces escuchó el sonido de un rotor y un falconier dorado ascendió a toda velicidad, superándola en su caída. Ridia soltó aire al reconocer al piloto.
El monoplaza picó hacia ella con el motor a máxima potencia y cuando estuvo a su altura, Carth extendió el brazo y agarró a Radia por la cintura, sentándola detrás de él.
El pirata grió la cabeza. Radia aprovechó para darle un beso que solo alcanzó la mejilla.
-La tienes?
Radia sonrió. sacó la lengua y mostró un llavín.
-Bien...
-Porqué demonios has tardado tanto??!!
Carth frunció el ceño.
-Me he entretenido con unos amigos.
Radia miró hacia atrás. Cuatro falconiers de la guardia ducal seguían la estela de los piratas.
-Genial, pues va a ser toda una fiesta!!! Mira!!!
Señaló hacia el galeón de Krausse, suspendido sobre la ciudad.
Otros cinco falconiers salían de sus tripas.